Volvemos al inicio. El consumidor es donde todo empieza y termina. Creamos y apoyamos demandas e incentivos para las marcas y las organizaciones que nos gobiernan. Sin importar nuestra intención, la realidad es que tenemos un impacto palpable en nuestra realidad. Mientras más despiertos e informados estamos es más difícil mantenernos dormidos y complacientes.

La variedad de textiles que existen hoy en día, es inmensa. Solo con ver las etiquetas de tu closet lo puedes corroborar. Tencel, poliéster, elastano, algodón, lino, modal… Unas son sintéticas y otras se definen como naturales. Pero sin importar la etiqueta hay una verdad universal: todas las fibras vienen de la tierra.

Nuestra ropa viene de la tierra pero cuando vemos el material en una etiqueta, ¿sabemos realmente de dónde viene? Cuánto esfuerzo, agua, materiales extras se tuvieron que utilizar para convertir esa fibra en prenda?

Para que los tejidos se mantengan unidos, los hilos tienen que sostenerse a sí mismos, cumplir con su trabajo individual de no romperse con la tensión.

Gracias a la industrialización, muchos procesos son liderados por máquinas. Pero, las manos invisibles que tocan nuestras prendas a través de manejo de maquinaria y controles de calidad, son cruciales. Solo imaginate, si todas las personas que trabajan como estos enlaces dentro del sistema desaparecieran, ¿como nos veríamos afectados? Alguien tiene que hacer ese trabajo.

“Las tecnologías más profundas son aquellas que desaparecen. Se entretejen en la fábrica de la vida cotidiana hasta que se vuelven indistinguibles de ella.” Usamos y dependemos de los textiles todos los días; no solo en nuestra ropa, las encontramos en nuestras camas, oficinas, carros y casas. Vemos todas estas piezas como unidades, pero se nos olvida que están hechas de miles de fibras distintas unidas intrínsecamente.

La definición sociológica de la moda es "ser el primero con lo último"; se trata del cambio, y que un objeto, estilo o actividad específica se destaca en un contexto de estabilidad. Podemos trazar una conexión viva entre la moda y la psicología, la moda y los movimientos civiles que transforman nuestras sociedades, la moda y la evolución de cada individuo que afecta y es afectado por las tendencias.

Si queremos entender el pasado de una prenda, analizamos su fibra, si queremos entender su futuro, hay que ver su diseño. ¿Cuál es el destino final de las prendas que usamos hoy? Es uno de dos: reciclaje o desecho. Pero la realidad es que a nivel mundial, solo el 12% del material en la ropa termina siendo reciclado, entonces podemos asumir que para casi toda la ropa que creamos, el destino final es un basurero.

Trabajamos para ganar dinero, el cual lo usamos para pagar por prendas, objetos, servicios o hasta incluso el tiempo de otros. Dejamos de reconocer que en muchos casos, nuestro dinero es el tiempo.

¿Cuánto costaría el nuestro? ¿Bajo qué estatutos definimos quién merece cuanto? Y ¿Por qué? El trabajo de confeccionar ropa es generalmente categorizado como un trabajo de poca especialización, ¿quiere decir que su valor es casi despreciable?

¿Qué sería de nuestra ropa sin patrones o sin color? Si tuviéramos que conformarnos con los colores que resultan de los procesos de las fibras, perderíamos una dimensión muy importante de la moda y de nuestra expresión personal.

El teñido textil convencional y el acabado de la fibra cruda es un proceso sediento y contaminante. El Grupo del Banco Mundial calcula que entre el 17 y el 20 % de toda la contaminación del agua proviene únicamente de los tratamientos de teñido de textiles. Además, para teñir solo 1 tonelada de tela se necesitan 200 toneladas de agua, esto ni siquiera equivale al 0,5% de los 80 mil millones de prendas estimadas que la industria de la moda fabrica al año.

El transporte es la conexión de la globalización, es el medio por el cual nos enlazamos materialmente. Es fácil perder el sentido de origen de las prendas cuando la mayoría están a nuestra directa disposición. La ironía de toda esta ilusión de posibilidades y opciones es, que terminamos con ropa parqueada.

¿Cuántas veces abrimos nuestro closet y vemos un rincón inexplorado? Toda esa ropa que ya no nos gusta, que su tendencia caducó, o simplemente que ya no nos sirve, termina parqueada en otro lado donde no nos estorbe o donde ya no sea nuestro problema.

Imagínate en una tienda buscando un nuevo outfit para ese evento importante que tienes. Después de estar buscando arduamente, finalmente encuentras algo ¡Qué bien! Algo Bueno Bonito y Barato son siempre buenas noticias. ¿Verdad?

El BBB se utiliza cuando algo se consigue por un precio muy bajo y es de buena calidad y de valor alto.

¿El problema? Una etiqueta no siempre trae incluido el precio del impacto externo que tienen las prendas sobre nuestros recursos y sociedades. El valor que recibimos al comprar algo BBB puede ser alto, pero si nosotros no pagamos el equivalente al verdadero valor ¿entonces quién lo paga?

Somos consumidores, tomamos decisiones que afectan los mercados y portamos valor visible todos los días.

Pero vivimos en una disonancia cognitiva, una versión de un mundo Orwelliano, en donde celebramos abiertamente e impulsamos la expresión individual y los derechos personales, mientras que estos mismos medios de expresión son en muchas ocasiones posibles gracias a sistemas obscuros y cadenas de suministros de opresión, explotación e indiferencia hacia los derechos de otros.

ES